8th
Me recibió tu mamá. En la alfombra del living había varias tijeras, de distintos tamaños. “Mi nieta”, me explicó.
Más tarde pensé en el objeto. Dos partes simétricas que se unen para ejecutar una acción. Un corte.
Pensé en el corte. En ese nuevo corte de pelo y teñido que te hiciste y que no te gustó. En el corte que le hiciste a la falda para que te abrazara la cadera en vez de estrangulártela. A veces los cortes nos ayudan a respirar, a ser más libres. Pienso en el otro corte… ese que todavía duele tanto. Pienso en tus hijas, funcionando como las dos mitades de la tijera y ayudando a su madre a cortar, definitivamente.
Me fui pensando en lo que me dijiste del ser de luz, de ese luminoso y bello que estaba dentro tuyo y que parece haberse ido para siempre. Espero que cuando levantes la frente y camines derecho con tus dos hijas de la mano, esa luz brille más fuerte que nunca, y que el corte haya sido limpio, y sane. Y que tu pelo haya vuelto a crecer…
P.D.: Cuando venía de regreso a Valparaíso, brillaba en el cielo oscuro un curioso triángulo de astros: Júpiter, la más deslumbrante, Aldebarán, pequeñita y roja, y la Luna, medio cubierta por la sombra del sol :-)