20th
Estaba ansioso, emocionado y lleno de amor. Sólo quedaba una semana para mi boda y me sentía en las nubes. Un conocido vino a visitarme. Me miró a los ojos y dijo: “Chris, he estado casado 25 años, escucha. Mejor disfruta ahora, porque a partir de aquí todo va cuesta abajo”. Y con este consejo, se fue.
Años después, brillaba de orgullo. Estaba a punto de hacer algo nuevo. Mi carrete acababa de volver del laboratorio y eran mis mejores imágenes hasta el momento. Las organicé en una mesa con luz cuando otro conocido pasó por allí. “¡Mira qué fotografías más fabulosas!”, le dije. Estudió las fotografías con ojo crítico y dijo: “Es un buen intento, pero la fotografía es un campo que no da segundas oportunidades. Nunca llegarás lejos”.
El consejo escoció ambas veces. Fue un insulto a quien soy, cómo amo, cómo vivo y en lo que creo. Al principio estaba enfadado: “¿Quién se creen que son?”. Después, caí en la cuenta; me repetí la palabra “quién” y todo tuvo sentido. Me ablandé e incluso sentí pena por esas tristes almas. Finalmente, entendí que su consejo era autobiográfico. Me estaban contando su historia; su matrimonio no fue bueno, su carrera fotográfica nunca despegó.
En cuanto a mí, nunca viviré la vida gris y deprimente de otro. Mi tiempo en la tierra es mío. Soñaré sueños imposibles, amaré hasta que me duela, nunca abandonaré e iré contra viento y marea, encontraré mi camino.